Cultura / Libros

La belleza de nuestra existencia contenida en Para entender a Einstein

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El 27 de enero de 2018 me desperté y caí en la cuenta de que ya no era yo. No tengo claro si fue el culmen de un cambio gradual que se estaba cocinando en mi cabeza o producto de una traslación nocturna, solo tengo la certeza de que en el cabecero de mi cama reposaba Para entender a Einstein de  Christophe Galfard (Blackie Books) y entonces… empecé a sospechar algo.

Últimamente mi situación mental es el subsuelo y desde esta postura a pie de asfalto percibo el sinsabor que me provoca casi todo a mi alrededor. Es difícil que me interese menos la política y la actualidad — Hace cinco meses que no veo la televisión — y la mayoría de situaciones cotidianas me resultan marcianas, como si formasen parte de los rituales propios de una civilización a la que no pertenezco.

Durante este cóctel de emociones – o carencia de ellas – cayó en mis manos Para entender a Einstein. ¿Por qué ese libro y no cualquier otro? Admito que desde hace unos meses se ha despertado en mí un interés especial por la ciencia: por qué somos lo que somos, cuál es la base de nuestra creatividad, cómo funciona la memoria, qué tenemos nosotros que ver con el universo al que pertenecemos.  Podemos sentenciar, por lo tanto, que yo andaba buscando a Einstein sin saberlo.

Jovencito instigador de cambios cruciales en la física
Jovencito instigador de cambios cruciales en la física. Albert Einstein

Este libro de pequeñas proporciones — 83 páginas de relato científico — es de una belleza inexorable. El autor comienza su relato con una premisa importante: la ciencia no es intuitiva. No puedo explicar a un amigo E=mc² en una conversación de bar con la certeza de que siga mi razonamiento 5 minutos después. Y aquí viene el segundo dardo de Galfard: el ser humano es mediocre.

Comparados con la inmensidad de nuestro universo, somos diminutos.

 

Comparados con el minúsculo tamaño de las partículas fundamentales y el mundo cuántico, somos descomunales.

 

Flotamos en esas dos infinitudes, grande la una y pequeña la otra, y nuestros sentidos están limitados a la hora de explorar cuanto nos rodea. 

Mediocres al fin y al cabo. Atrapados entre dos magnitudes que no alcanzamos a comprender. Por eso la ciencia —  el conocimiento científico — es lo más parecido a una revelación trascendental que podremos experimentar durante la vida: Nuestro nivel de conciencia se traslada a otro punto, como si nos cambiasen la mirada y observáramos el mundo de nuevo por primera vez.

La belleza que esconde E=mc²

E=mc2 indica que la energía de un cuerpo en reposo (E) es igual a su masa (m) multiplicada por la velocidad de la luz (c) al cuadrado. También es esa fórmula repetida hasta la saciedad cuando se cita a Einstein y su teoría de la relatividad, la que puso patas arriba la física tal y como se conocía y, por supuesto, es esa expresión cuyo trasfondo casi nadie comprende.

El libro nos traslada a las ideas que subyacen en esta afirmación, a lo que esta enunciación supuso para nuestra comprensión del universo – sí, eso nos incluye. En primer lugar, transformó nuestro entendimiento acerca del espacio y el tiempo, algo complicado de asimilar, pues lo cierto es que la velocidad a la que nos desplazamos afecta a eso que nosotros creíamos una constante. No son conceptos universales, dependen del observador, es decir, de la persona que lo mide.

Otro concepto básico es que la energía puede transformarse en masa y viceversa. Una idea de una belleza aplastante. Imagina la muerte de una estrella, una nebulosa es el resultado de esta afirmación: la masa convertida en una cantidad ingente de energía y que posteriormente se transformará en masa.

Nebulosa del Cangrejo
Nebulosa del Cangrejo

Encontraréis pocas lecturas más emocionantes que esta para entender nuestra propia naturaleza. Lo explicaré a través de un concepto: la fuerza residual que une los protones y electrones – igual que hace con los quarks – mantiene a los átomos seguros y agrupados. De no existir esa fuerza los núcleos estallarían porque los protones se repelerían entre sí. No existiríamos, ni tampoco la mayor parte de las cosas que conocemos.

Hay una belleza nuclear en el hecho científico. El universo es una gran orquesta que matemáticamente compone todo y nosotros somos parte de ese proceso que apenas alcanzamos a vislumbrar.

Decidme que no es sublime nuestra existencia tras entender esto, que somos fruto de un mecanismo preciso y delicado que nos permite ser. Decidme que en esa improbabilidad no hayáis el verdadero milagro de la existencia.

El autor no olvida que Einstein, además de un científico certero, fue ante todo un gran imaginador. Con sus experimentos mentales logró imaginar cómo era el mundo en realidad y cuál era su funcionamiento real. Una idea alejada de los clichés con los que catalogamos a las mentes científicas.

Otra reflexión importante: Los absolutos no existen en física. Las teorías siempre son sustituidas por nuevos conceptos que mejoran, transforman o reinterpretan lo ya conocido. Lo que ayer fue, mañana se transformará, es el ciclo natural.

Tras la lectura me pasé toda la noche imaginando la antimateria – su olor y su tacto aunque realmente no pueda ser percibido – y cómo sería viajar a velocidades similares a la luz. Cuando me desperté supe que yo no volvería a ser yo nunca más y solo tengo la certeza de que en el cabecero de mi cama reposaba Para entender a Einstein de  Christophe Galfard (Blackie Books) y entonces… empecé a sospechar algo.

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