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Kate Morton: Pasión, desaparición e intriga

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Kate Morton nos vuelve a sorprender con su última novela El último adios. De nuevo, a juzgar por las críticas recibidas, la repetición del tradición esquema narrativo le ha vuelto a funcionar. La clave se encuentra en su capacidad para tejer dos historias -separadas por 70 años- y en la construcción de los personajes, cada uno con un perfil muy bien definido.

Respecto al argumento de El último adios, 1933 y 2003 marcan las dos historias que transcurren en paralelo. Junio de 1933, la desaparición del pequeño Theo durante la tradicional Fiesta de Verano en la campiña inglesa cambia por completo la vida de la familia Edevane. Abandonan la mansión y Cornualles para iniciar una nueva vida en Londres, arrastrando con ellos el misterio que envuelve esa trágica noche, que 70 años después, todavía siguen sin conocer los últimos miembros de la familia que quedan con vida.

Mientras, en 2003 la investigadora Sadie Sparrow decide visitar a su abuelo en Cornualles tras un permiso forzoso. En uno de sus paseos por el campo descubre una casa abandonada, donde todo parece indicar que los huéspedes salieron deprisa, con intención de volver. A partir de ese momento, comienza a sentirse atraída por la historia de un niño que desaparece sin dejar rastro. Sadie se convierte en la protagonista de la historia y en el hilo conductor de la trama, entrelazando pasado y presente.

Un tercer escenario se encuentra en la casa de Alice, una de las hijas del matrimonio Edevane, famosa escritora de novela negra, quien pese a su carácter y su afán por esconder la historia familiar, finalmente dará una oportunidad a la detective Sparrow para descubrir qué ocurrió aquella noche en la que desapareció su hermano pequeño.

Una vez más, fiel a sus principios literarios, los personajes femeninos se convierten en los protagonistas de la historia. Sadie Sparrow, Alice y Eleanor serán las que marquen toda la historia. Las apariciones masculinas quedan reducidas al esposo de Eleanor, profundamente afectado por un hecho vivido durante la guerra, el abuelo de Sadie, Bertie Munroe -personaje que toma fuerza al final de la novela-, y Ben, el gran amor de dos mujeres.

Tres generaciones de mujeres, todas ellas con una historia íntima que solo el lector conoce, llegando a empatizar con cada una de ellas. Este es uno de los ingredientes fundamentales de esta novela, capaz de poner al lector en la piel de cada uno de los personajes, comprendiendo su manera de actuar.

Junto con la intriga, el amor incondicional está presente en toda la novela y será el comodín para entender la actitud de las protagonistas femeninas ¡Qué serían las historias de sagas familiares sin ese ingrediente!

El ‘pero’ lo pongo en la extensión. A diferencia de otras novelas de Morton, esta me ha resultado pesada y demasiado lenta, deteniéndose de manera excesiva en las descripciones. Pese a todo, ese final, como solo Morton sabe hacer, suprime cualquier punto flojo de la narración. ¿La has leído ya?

 

 

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