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Juan Gómez-Jurado y el escritor posmoderno

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Juan Gómez-Jurado no es lo que se considera un escritor posmoderno. Su literatura tiende a la sencillez —en el mejor de los sentidos— y sus novelas se alejan de complejos juegos metadiscursivos para centrarse en lo esencial: emocionar. Es, sin duda, un autor meinstream; su figura no es la del experimentador y él no es un escritor que quiera estar a la vanguardia de las últimas innovaciones. Su estilo no es revolucionario ni pretende que el lector se cuestione, tras leer sus textos, la forma en que concebimos y nos relacionamos con la literatura (menos aún, con el mundo). Juan Gómez-Jurado no es eso. Quien busque en la literatura una profunda reflexión de fondo quizás no se sienta cómodo en sus libros. Quien persiga una chispa de subversión tras cada palabra escrita, desde luego, tampoco. Hablar de Juan Gómez-Jurado y su obra es hablar de algo mucho menos grandilocuente y, a priori, menos interesante para sesudos debates académicos: es hablar de un escritor de best-sellers. Simplemente eso: escritor-de-best-sellers (se dice pronto).

Como cualquier fábrica de producción en cadena, hay escritores que parecen tener la receta del éxito: reúne los ingredientes, sigue los pasos de forma ordenada, respeta los tiempos, y… ¡voilà! otro éxito en ventas. Hay quienes desdeñan estos libros. Quien opina que no hay en ellos condimento suficiente para su elevado paladar. Pero sería una pérdida de tiempo hablar de esa gente. Lo cierto —lo que demuestran los hechos— es que para escribir un libro que se venda en cantidades industriales no sirve cualquiera. Dejando de lado productos nacidos entre probetas y derivados de estudios de mercado —o inflados con abusivas campañas de marketing—, escribir una novela y llegar a un público masivo exige manejar a la perfección unos códigos determinados. Y entre ellos, desde luego, está el que tu producto sea de lectura fácil y rápida. Pero, prejuicios mediante, en ningún caso esto ha de ser negativo.

Como el jugador de fútbol que, sin destacar en exceso, sin copar las portadas por sus goles estratosféricos o sus regates, es capaz de utilizar su inteligencia para manejar los tempos y dictar el ritmo de un partido (cómo echamos de menos a Xavi Hernández…), Juan Gómez-Jurado sabe cómo manejar la situación. Y sí, digo la situación porque hoy en día, en la era de las redes sociales, la sobreinformación y los memes, ser escritor no es, simplemente, escribir. Un escritor ha de componer una imagen propia que vender al público y a los medios. Ha de utilizarla para posicionarse en un mercado cada vez más complejo, y ha de reflejarla en cada una de sus creaciones, estableciendo comunicación con ellas y retroalimentandose. Y he querido empezar hablado de su carácter de escritor para el gran público porque, pese a no ser Juan Gómez-Jurado un autor de literatura posmoderna, si es —por paradójico que suene esto— uno de los autores españoles que mejor representa la posmodernidad.

Sólo ha de pasarse uno por su timeline en Twitter para darse cuenta de una cosa: aquí detrás hay alguien vivo, y no un nombre que aparece estampado en la portada de algunos libros (y unos cuantos artículos). Y no solo es su participación en redes sociales —algo ya transversal a nuestra sociedad; aunque, spoiler, la mayoría de escritores de superventas no manejan sus propias cuentas—, sino un seguido de apariciones y participaciones públicas que forman una imagen compleja. No es difícil si uno pasa por su twitter llegar enseguida a otras de sus apariciones. Desde luego, las principales son el podcast Todopoderosos (en el que participa junto a Javier Cansado, Rodrigo Cortés y Arturo González-Campos) y Cinemascopazo (donde repite la compañía de Arturo). El primero es un podcast cultural que se lleva a cabo en el Espacio Telefónica y  ha sido número uno en escuchas durante mucho tiempo. Los cuatro forman un equipo brillante y con unos roles muy distintos que dan el ritmo característico al programa. Y si uno escucha a estos cuatro durante un par de horas, enseguida percibirá el personajes de cada uno de ellos.

Podcast Todopoderosos

Sí, personajes. Habrá quien diga que la naturalidad reina en el programa y que no le parece estar presenciando una función teatral. Desde luego. Nadie ha dicho que un personaje no pueda construirse desde la persona. Cada uno de nosotros, de hecho, construyo un personaje de sí mismo de cara al público. Y el de Juan Gómez-Jurado está claro. Su personaje se construye como se construye cualquier personaje de novela. Aficiones, recuerdos, deseos, manías. Si uno ve un programa de Cinemascopazo y después salta a su reciente entrevista en La resistencia, verá que los temas y el estilo son semejantes. De hecho, la primera vez que escuché hablar sobre Todopoderosos fue en la boca de un youtuber, Dayo, que definía a Juan como “una enciclopedia con patas”. Y esa es, sin duda, una de las características de su personaje. Conocer hasta los datos más nimios. Hablemos de un disco, un serie o el nombre del plan secreto del gobierno de turno del país más remoto. Él tiene ese dato. La otra característica principal es la del humor llevado hasta los límites. La orfandad está presente en forma de broma en muchas de sus apariciones públicas. Imaginaos leer una novela en que el protagonista es huérfano e insiste en tomarse con humor su situación. ¿Eso no marcaría al personaje?

Para los interesados, os invito a escuchar cualquiera de los programas en los que participa Juan Gómez-Jurado. A ver/leer sus entrevistas. Y, por supuesto, a lo importante: leer sus libros. Porque sospecho que cuando Roland Barthes declaraba la muerte del Autor no pretendía eliminar los nombres de pila de las portadas de los libros. Tampoco a restarle importancia a la persona tras ese nombre. De lo que se trata es de humanizar al ídolo y acercarlo a sus personajes, y desde ahí, a sus lectores. Solo así, escribiéndose implícitamente a sí mismo, participando activamente del juego de la literatura (que es el juego del mundo), el escritor posmoderno puede, no solo escribir sus libros, sino escribir también en el corazón de sus seguidores.

Y Juan Gómez-Jurado sabe cómo hacerlo.

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