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Jordi Sierra i Fabra: La incultura se huele en España

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[vc_row][vc_column][vc_column_text]44 años publicando avalan la trayectoria literaria de Jordi Sierra i Fabra, escritor que ha ganado el Premio Edebé de Literatura Juvenil con su novela El aprendiz de brujo y los invisibles. Una historia de aventuras, aderezada con pinceladas policiacas. Hemos tenido la oportunidad de charlar con el escritor, tanto de su novela como de la situación actual de la cultura entre los adolescentes.

El Edebé es ese premio al que se presentan cientos, pero siempre gana Jordi Sierra i Fabra (este es su tercer premio). Así se anunció su nombre en los Premios Edebé, ¿qué tienen sus libros que tanto gustan al jurado primero y a los lectores después?

No tengo ni idea, pero soy consciente de que cuando hago “un libro de premio” es porque sé que tiene algo diferente, capaz de gustar primero a un jurado y después al lector. Es un puro instinto, algo que me sucede cada seis o siete libros, a veces diez. Eso no significa que lo gane, pero sé que por lo menos no hará el ridículo y llegará a la final. Los jurados son muy quisquillosos, quieren premiar no sólo la excelencia, sino algo que sea “diferente”, “único”. A veces he perdido premios por un quítame-allá-esa-palabra o por una idea excesivamente subversiva, pero por lo general gracias a los premios incluso he publicado libros que, de otra forma, igual seguirían en un cajón, libros comprometidos, de los que dan miedo a las editoriales pero no a los “muy nobles y soberanos jurados” (en Gloria estén). Son los casos de “Parco” (Premio Anaya), “Al otro lado del espejo” (Premio Ramón Muntaner primero y Mejor Libro del año en catalán después) o incluso “Kafka y la muñeca viajera (Premio Nacional, rachazada por dos editoriales antes de que Siruela viera su calidad).
En cuando a lo de que “siempre” gano yo… ¡Más quisiera! La gente cree que me presento y pim-pam-pum. ¡Hasta hay colegas que me llaman y me preguntan si me he presentado a un premio para decidir si se presentan ellos! Les suelto una carcajada… Para ganar un premio, has de perder al menos dos. Tampoco está mal ganar uno de cada tres o cuatro, pero no es fácil. Con este Edebé llevo 38 (me va la marcha, soy competitivo, los premios son un morbo), así que imaginad los perdidos en 44 años de vida profesional. Mira: cuando gané el Barco de Vapor en 2010, subí al estrado pegando gritos (se fallaba en ese momento, no antes) porque me había presentado 7 u 8 veces, de las que, al menos la mitad, había quedado segundo. No paré hasta conseguirlo. Pero no faltó quien dijo que estaba claro que me lo habían dado por ser yo. ¡Por Dios! En esas 7 u 8 veces me ganaron amigos, desconocidos, ¡de todo! Los premios son una maravillosa lotería. He ganado tres Edebés pero he quedado segundo otras tres (y eso nadie lo sabe, lo digo ahora y tan tranquilo).
De todas formas lo que dijo el presentador, parafraseando a Gary Lineker, tuvo gracia.

Jordi Sierra i Fabra. El aprendiz de brujo y los invisibles

En alguna de sus entrevistas ha señalado que el libro El aprendiz de brujo y los invisibles lo escribió en 6 días, claro está, que esta afirmación tendrá matices…
¡Claro que tiene matices! Lo que no sé es mentir. No soy de los que pone cara de dolor de estómago y suelta por la tele lo “mucho que sufre escribiendo” y los “años que ha tardado en hacer el libro”. Eso es para darse el pego en la mayoría de los casos. Queda muy bien. Yo escribo desde los 8 años y tengo 68, y llevo 44 publicando. No he hecho otra cosa en la vida que escribir. ¿Qué conozco mi oficio y tengo un pequeño don, como es el de saber contar historias? Pues sí. ¿Qué soy rápido escribiendo? Pues sí, pero ¿y el tiempo que paso pensando una historia, a veces meses, o años, aunque a veces salga en pocos días? Hay historias que se escriben casi solas. Otras, en cambio, requieren que me aisle en algún lugar remoto esclusivamente a pensar, y pensar, y pensar, y por supuesto hacer un guión previo en la mayoría de los casos. ¿Seis días? Sí, pero con 60 años detrás de experiencia, escribiendo cada día.

Hablar para la infancia de un tema como es el de la muerte habrá supuesto un gran reto…
Pues… no, para nada. Tenía una simple idea: a un aprendiz de brujo se le caen tres gotas de una pócima y eso hace que un niño de 12 años que fue asesinado vuelva a la vida tres días. De buenas a primeras lo situé en la segunda mitad del siglo XIX, así en plan dickensiano. Tras ello, el aprendiz de brujo busca a sus antiguos amigos y van a por el asesino. Traté la muerte con naturalidad, sobre todo el final, cuando el niño, tras los tres días, regresa a la tumba y se despide del resto con un “hasta pronto”. Todos vamos a morir, ¿no?

¿Cómo definiría Jordi Sierra i Fabra esta novela?
Un libro de aventuras aderezado con algo policiaco y con un toque paranormal. También es un canto a la amistad, a la diferencia y al respeto. Alguien escribió que había hecho una novela de zombies y me estremecí: no me gusta nada todo ese rollo de los zombis. Odio esas pelis o series. Pero claro, el hecho de que resucite a un chico tres días y camine por ahí hecho una piltrafa…

En una sociedad donde el wassap y las redes sociales han captado por completo la atención de los jóvenes, ¿supone un reto hoy en día escribir para los niños y jóvenes?
No lo tomo como un reto. Es mi pasión. Escribir es mi vida. Ni siquiera pienso que “escriba para niños o para adultos”. Escribo para mí mismo, para ser feliz, para pasarlo bien. Cuando hago una novela nunca me planteo quién va a leerla, a qué editorial la mandaré o a qué premio me presentaré (salvo que haga una serie, como por ejemplo la de mi personaje policiaco Miquel Mascarell). Yo la escribo, y al terminarla es cuando pienso qué haré con ella. Lo que sí está claro es que para hacer un libro como El aprendiz de brujo y Los Invisibles (con el que me divertí mucho, muchísimo, porque tiene escenas muy curiosas) hay que ser un crío. Si no sientes las cosas y las vives tú, difícilmente harás sentirlas a otro, tenga 12 años o 90. La gente cree que por escribir tanto soy una máquina. ¡Qué error! Cada página que hago es un grito de vida.

Desde su perspectiva como escritor juvenil, ¿nota entre los jóvenes que se ha perdido el interés por la lectura? Si es así, ¿dónde está realmente el problema?
No me considero un “escritor juvenil”, de la misma forma que hace 40 años no era “un rockero peludo” ni luego tal o cual cosa. Soy escritor. Punto. Son los editores los que ponen etiquetas y deciden si tu libro irá en la colección rojo obispo, la marrón zurullo de perro o la verde botella. Sólo distingo dos campos: infantil y el resto. Ah, y nunca bajo el listón aunque escriba algo “infantil”. Dicho esto puedo decir que el interés por la lectura ha estado siempre bajo mínimos, pero ha sobrevivido siempre. En mis dos Fundaciones, Barcelona y Medellín, puedo dar fe de ello. Dale a un niño o un joven algo que le interese (aunque le cueeeeeste abrir la primera página). Mi compromiso reside en hacer los mejores libros que pueda y sea capaz. El de otros sería educar, potenciar la lectura, incentivar a los maestros, quitar la estupidez de muchos padres, etc.

Y, ¿cómo se puede recuperar esa falta de entusiasmo, que tiene consecuencias mayores, porque la falta de lectura lleva la pérdida de una visión más general de las cosas?
Toda mi lucha (personal y en Las Fundaciones) es para que entiendan que leer les puede salvar la vida, como me la salvó a mí, que iba para burro en una España dictatorial y sin oportunidades para los que éramos diferentes. Cada vez que veo a esos Ni-Ni’s que pierden el día sin hacer nada, sin entender que una hora en una biblioteca les hará mejores… me desespero. La incultura se huele. No van a darte trabajo si crees que para ir a Laponia sólo te hace falta un traje de baño porque lo confundes con la Polinesia. Hace poco salió un chico de 17 años por TV riendo sin saber dónde estaba Huesca. Apaga y vámonos.
Pero la pregunta es más amplia de lo que yo pueda decir aquí. ¿Recuperar? Llevamos años viendo a generaciones perdidas, porque también es muy española la herencia con la que cargamos. Cuando en Europa brillaba la Ilustración, aquí reinaba la Inquisición. Por Dios, si sólo llevamos 40 años de democracia (los cumplirá el próximo año). Siempre he dicho que mandar un país de burros no tiene mérito, que lo importante es mandar un país que valga la pena de ser mandado. Y este, con los gobernantes que tenemos (y nos merecemos por votarles), siempre de espaldas a la cultura (porque la cultura suele ser radical y de izquierdas), no da para más por ahora.

¿Se espera muy activa la gira para presentar esta novela?
Nunca hago giras. Estoy a disposición del que quiera entrevistarme y punto. Viajo demasiado y publico demasiado para dedicarme a un solo libro. Además, las editoriales concentrar los lanzamientos en primavera y otoño, así que puedo encontrarme con cuatro novelas aparecidas de golpe.

Y la última pregunta, ¿continuará Jordi Sierra i Fabra apostando por la narrativa juvenil?
Continuaré esribiendo. Y como estoy siempre con gente que tiene entre 15 y 20 años, lo lógico es que de cada 10 novelas que haga, en 7 el prota tenga esa edad, o menos. Espero seguir siendo un crío a los 90, y pasarlo tan bien como me lo paso inventando historias sin parar. Si a eso le ponenla etiqueta de “juvenil”, pues vale.

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