Especiales

Ser inmortal, a través de la literatura

Comparte este post

Probablemente hace unos años no me hubiera atrevido a escribir sobre la muerte. Durante la mayor parte de mi vida me ha producido un terror indescriptible y paralizante hablar sobre el fin de mis días, o del de mis familiares y amigos. Es curioso como un hecho que en realidad es el único del que estamos seguros, produce tanto reparo y miedo.

Sin embargo, en los últimos años siento que estoy  más capacitada para enfrentarme a la muerte y, en consecuencia, de vivir mejor la vida. Sin duda, ser madre es una de las cosas que más me han ayudado en este cambio. Saber que cuando yo no esté una parte de mí seguirá en este mundo es una idea tranquilizadora. Pero también los libros y la práctica de la escritura me han ayudado a poder hablar de la muerte con cierta serenidad.

“La ridícula idea de no volver a verte”, de Rosa Montero, leído recientemente, es uno de los libros que más me han animado a reflexionar, y no sólo sobre el hecho de morir, sino, precisamente, sobre el hecho de vivir. En este libro Rosa entrelaza su propia vivencia con la de Marie Curie. La escritora mezcla sus sentimientos tras el fallecimiento de su marido, con los descritos en su diario por Marie Curie tras la muerte de su esposo. Uno de los pasajes que se me han quedado grabados es en el que Marie se lamenta de haberse despedido de Pierre enfadada: «La última frase que te dirigí no fue de amor y ternura. Luego, ya sólo te vi muerto». Estoy segura de que si pensáramos más a menudo en la fragilidad de nuestros propios cuerpos, seríamos más bondadosos y generosos con los que nos rodean.

“Martes con mi viejo profesor”, de Mitch Albom, contiene algunas de las frases más poderosas que alguien puede tener en mente cuando la muerte toca su hombro: «No te aferres a las cosas, porque todo es impermanente», «Gana el amor, el amor gana siempre», «Me pareció de pronto que el tiempo era precioso, como agua que se perdía por un desagüe abierto, y que toda la prisa con que yo me moviera era poca». Este es un libro imprescindible; páginas en las que emergen todos los valores que deberían ser primordiales en nuestras vidas: la amistad, el amor, el bien común, la pasión… Un libro que se debe regalar o recomendar a las personas que queremos, al igual que a mí me lo recomendaron y por lo que estaré siempre agradecida.

Wayne Dyer comienza su libro más famoso de esta forma: «Mira por encima de tu hombro. Te darás cuenta de que tienes a tu lado a un compañero que te acompaña constantemente: tu propia muerte». En “Tus zonas erróneas” Dyer usa esta directa arenga para impulsarnos a vivir lo más acorde posible a nuestro corazón y a nuestros deseos. Es verdad que el bueno de Dyer olvidó que a los seres humanos de a pie en ocasiones nos resulta imposible dejarlo todo para “vivir nuestros sueños”. Quizás se movía en la utopía y en lo que sería normal en un mundo ideal y perfecto, no en el que tenemos, aunque no por ello debemos dejar de lado sus propuestas. Para mí sus palabras sirven sobre todo para reflexionar en cómo queremos conducirnos en nuestra vida, y en cómo queremos ser recordados.

«Escribo para que la muerte no tenga la última palabra», dejo dicho el poeta Odysséas Elýtis. No sé si lo que yo escriba me servirá para raspar algún vestigio de inmortalidad, es demasiado presuntuoso pensarlo en estos momentos. Me quedo con el pensamiento que siempre me ronda cuando alguien deja nuestro mundo: «Somos inmortales mientras permanecemos en los recuerdos de quienes nos aman». Una reflexión de la que desconozco su procedencia, sin embargo, quizás como consuelo o como hecho irrefutable, me sirve para creer en que todos tenemos derecho a nuestro trocito de inmortalidad.

Escribamos, leamos, disfrutemos de nuestros seres queridos, seamos buenas personas, apasionémonos con lo que la vida nos ofrece… Para mí es todo lo necesario para enfrentarme a la muerte y  poder hablar de ella sin que las tripas se retuerzan. Como decía Emily Dickinson: «Los que son amados no pueden morir, porque amor significa inmortalidad».

2 comentarios

Salva Terceño 23 enero, 2017 Responder

Hola, Mery! Leída y disfrutada..gran trabajo. Como dices, hablar de la muerte puede no ser fácil pero, sin duda, es sano y necesario. En mi blog, con mucha frecuencia, he tratado el tema de la muerte, sobre todo porque lo he necesitado. A veces he pensado que hablaba demasiado de ella, que la gente iba a decir que qué coño me pasaba y todo eso, pero siempre me decía: “Y qué más da”. La muerte forma parte tanto de nuestra vida como la vida, solo que valoramos más la vida. Normal. También escribí sobre “Martes con mi viejo profesor”, libro que también considero imprescindible, casi un manual para la vida, creado desde el borde de la muerte. Es un tema esencial y lo has tratado muy bien. Un gran trabajo que hace que no parezca que te costara tanto. Bienvenida al mundo de los (en el buena sentido, entiéndase) necrófilos.
Besitos

Mencha 23 enero, 2017 Responder

Me encanta, María, porque escribes como forma de superación y porque no nos enseñan a naturalizar la muerte. Me acuerdo con tu post de aquella cita de alguien que no recuerdo ” mientras seas recordado nunca estarás muerto”. Gracias siempre por tus acertadas palabras y mucha pero que mucha vida para disfrutar.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: