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‘El fin de la soledad’: luces después de la tragedia

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El fin de la soledad llega a España precedida por un notable éxito en Alemania que le ha valido a Benedict Wells (Munich, 1984) el Premio de Literatura de la Unión Europea y el aplauso de la crítica. Malpaso acaba de publicar esta novela de sentimientos y dramas familiares que cuenta la historia de Jules y sus dos hermanos, quienes de la noche a la mañana verán trastocada su vida por la inesperada pérdida de sus padres.

Esperaba en el aparcamiento del internado y observaba las luces rojas de los aviones en el horizonte. Como en tantas otras ocasiones, cuando un espectáculo de la naturaleza se mezclaba con mis añoranzas y mis recuerdos, sentí un leve pinchazo en la zona del estómago. Tenía diecinueve años y estaba a punto de empezar la universidad. El futuro se abría paso ante mí y yo tenía la engañosa euforia del joven que aún no ha cometido ningún error garrafal en su vida.

Es la primera obra de este escritor que se traduce al español, pero Wells es autor de otras dos novelas más que fueron acogidas con entusiasmo por público y crítica. Viajero incansable, hay algo del protagonista de la novela en el escritor germano, que vivió durante años en Barcelona y que renunció a sus estudios universitarios para poder escribir a tiempo completo.

Siete años ha tardado el escritor en dar forma a esta historia que define como “muy personal” y con la que no esperaba tener tanto éxito (el libro, traducido en español por Beatriz Galán Echevarría, se ha publicado ya en veinticuatro idiomas). El fin de la soledad se centra en el menor de estos tres hermanos, Jules, y narra ese viaje interior que toda persona ha de hacer cuando pasa de la infancia al mundo de los adultos, sin obviar esa etapa complicada y llena de altibajos que es la adolescencia.

De los tres hermanos, Jules es el que peor gestiona la soledad y la pérdida del universo familiar, dos de los ejes que vertebran esta historia visual, con sentimientos contenidos y narrada de forma eficaz por un escritor que, a pesar de su juventud, escribe con dominio de las emociones y de los dramas.

Su rápida respuesta y la reiterada invitación me conmovieron. Recuperé la esperanza de los quince años. Y la de los treinta. Y al mismo tiempo me dije que tenía que acabar con aquella historia de una vez por todas. Que tenía que pasar página si no quería pasarme el resto de la vida soñando con un fantasma.

Hay esperanza en esta novela que sabe buscarle el lado luminoso a las desgracias, a los golpes que da la vida. El fin de la soledad está narrada con sencillez y deja un buen recuerdo. Seguramente, el de un escritor al que volveremos a leer en un futuro breve.

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