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Esta canción me recuerda a mí, frescura e inmediatez totales

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Bendita literatura, que nunca se nos agota (aunque agoreros de toda clase aludan con frecuencia al apocalipsis). Hace unos días, pensaba con cierta preocupación sobre la mala suerte que tendría la siguiente novela en mi lista de lectura, mientras terminaba la colosal Solenoide, de Mircea Cărtărescu (que ni por asomo me atrevería a reseñar, todos tenemos nuestro límite). Equiparable a tocar en un festival después de Neil Young. Rebusqué en mi reducida biblioteca norteña, y encontré un volumen de Blackie Books que esperaba su turno: Esta canción me recuerda a mí, de un tal Joe Pernice. Que no solo ha logrado destacar a pesar de tocar después del autor rumano, aspirante al premio Nobel, sino que con su prosa fresca, deslenguada y directa, ha supuesto todo un bálsamo tras la tarea titánica de leer la ópera prima de Cărtărescu. A la novelita de Pernice llegué, por cierto, por recomendación directa de los libreros de la librería Cascanueces, en A Coruña, tras la presentación de mi primera novela. Tratándose de un blackiebook, no me cabía ninguna duda de que la calidad estaba garantizada.

Tiendo a desconfiar de los músicos (u otros artistas) metidos a escritores. La habilidad en un campo no garantiza el éxito en la literatura. Por el contrario, los resultados pueden dar vergüenza ajena o, generalmente, ser mediocres. Como expresión creativa, nada que objetar, tampoco en términos de intrusismo, a ver qué se creen los escritores para apropiarse de un campo como la literatura. Y la norma tampoco podría aplicarse a todos los casos, no hay más que ver el Instrumental, de James Rhodes, o Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett, ambos publicados por Blackie books. Pero, en general, inicio la lectura de estos intrusos con cierto escepticismo. Al igual que los dos anteriores, Joe Pernice, se ha dedicado toda su vida a la música, y con relativo éxito, a tenor de lo que uno puede leer por internet, y no fue hasta 2009 que se produjo su primera incursión en la literatura.

De buenas a primeras, no le faltan maneras: “Me gusta creer que las palabras escritas con este hermoso artilugio [una pluma] antaño unieron a dos personas, tal como volverá a suceder. Es lo que hacen las cosas hermosas.”

En Esta canción me recuerda a mí, utiliza como protagonista a un tipo de personaje que abunda en los terrenos de la novela, y que en Estados Unidos recibe el nombre de drop-out (el que todo lo abandona), o incluso slacker (el vago): personajes estáticos, con rechazo al cambio o a la evolución personal. En muchos casos, hombres atascados en la adolescencia y que pretenden vivir en ella hasta la jubilación, renegando de responsabilidades, compromisos o decisiones importantes. El protagonista de la novela de Pernice (al lector le corresponde elucubrar cuánto de autobiográfico puede haber en él), un músico sin mucho futuro, huye de su recién estrenado matrimonio y se esconde en la casa que sus padres tienen en Cape Cod y que le ofrece James, el futuro exmarido de su hermana.

La novela, narrada en primera persona, se distribuye mediante constantes saltos entre el presente del protagonista y su pasado tormentoso con su esposa Jocelyn. A través de los párrafos separados por vistosas bicicletas de época, Pernice nos expone sin disimulo la naturaleza egoísta, infantil y caprichosa del protagonista, que en cierto modo me recordó a una versión joven del Francis de Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón. Nos absorbe un discurso interno que incide una y otra vez en el humor negro, el paso del tiempo, las decisiones incorrectas, las huidas, la procastinación. Este monólogo del protagonista, efectivo en las primeras páginas de una novela ya de por sí cortita (240 páginas), termina por volverse condescendiente en exceso, cargante y hasta caricaturesco. Logran salvar el declive los magníficos secundarios de la obra (quizá como reflejo perfecto de la vida, donde también a veces nos amparan los secundarios): James, el futuro exmarido de su hermana, bruto y rabioso pero noble; Marie, una vecina de pasado dramático que ridiculiza los dramillas del protagonista; y Roy, el sobrino de dos años, que nos regala momentazos de auténtica ternura (notable la escena en la que el protagonista debe bañarse con el niño, “Roy sentía curiosidad. Alargó la mano hacia mi entrepierna. Aquello me impresionó. – Fuera esa mano -dije riendo-. Jesús, chaval. ¿Es que tu padre no te ha enseñado nada?”). Son las apariciones de estos personajes los que arrancan al desdichado protagonista de la novela de su casi ridículo discurso interno, enfrentándole a la realidad y obligándole, en cierto modo, a moverse en alguna dirección, incluso si esta fuese equivocada.

Joe Pernice, autor de ‘Esta canción me recuerda a mi’

La narración de la historia resulta ágil, consigue una frescura e inmediatez totales, como una de esas canciones de dos minutos y medio que serían insoportables si durasen tan solo un minuto más. Le concedo ese (gran) mérito a Joe Pernice, saber cuándo pararlo. Por cierto, y hablando de música, el mismísimo Nick Hornby declara, en portada, que envidia el talento del autor, y servidor se pregunta cuánta condescendencia hay en las palabras del autor de Alta fidelidad. Fuera esto cierto o no, mientras que la música es un personaje más en las obras de Hornby, en Esta canción me recuerda a mí, las referencias musicales ocupan una posición completamente anecdótica y no parecen aportar gran cosa.

Esta canción me recuerda a mí (en inglés It feels so good when I stop, ¿de dónde se habrán sacado el título en castellano?) se deja leer fácilmente, es un soplo de aire fresco si uno viene de lecturas densas, con dosis justas de melancolía, humor negro y ternura, que a buen seguro no va a dejar el mismo poso en mi memoria que otras obras, pero que merece la pena como lectura de descomprensión. Joe Pernice tiene sus armas y las usa con maña, teniendo en cuenta, además, que se trata de su primera novela. Recuperando el símil de los escenarios, ¿cuánto mérito no tiene compartir escenario con Neil Young, incluso aunque sea tocando tras el maestro y los espectadores estén saturados de tanta maravilla? No todos podemos jugar en las ligas mayores.

Joe Pernice, gracias por el refresco.

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