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En la tormenta: Violencia y sangre en la campiña británica

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¿Es posible, todavía, hacerse un hueco en el saturado mercado del thriller y la novela negra? La dificultad de ofrecer historias que no supongan un añadido más a la ingente cantidad de libros del género noir es complicado. No es un fenómeno que compete únicamente a la novela policíaca; pero cierto es que, si miramos los últimos grandes premios literarios y las listas de los más vendidos, veremos sin duda que hoy por hoy son tendencia dominante en el escenario literario. En este competitivo panorama, pues, quien quiera hacerse un hueco deberá aportar algo que difiera o resulte en parte diferente a lo que cualquier lector o lectora encuentra en las estanterías.

En Principal de Libros lo saben bien, y en su colección Principal Noir han apostado por obras que se salen de los márgenes establecidos en el género. Lo hicieron con En realidad, nunca estuviste aquí (link de la reseña: https://www.hablandoconletras.es/en-realidad-nunca-estuviste-aqui-el-disparo-certero-en-la-novela-corta/) y lo vuelven a hacer con En la tormenta, la primera novela de la escritora británica Flynn Berry y que fue galardonada con el Premio Edgar a la Mejor Novela Debut 2017.

La historia, a grandes rasgos, no difiere de cualquier otra que pudiéramos encontrar en el género negro: un asesinato sangriento, varios sospechosos y un pequeño giro al final que da la vuelta a la trama. Podría ser este el resumen, muy esquemático, por antonomasia de las novelas de asesinatos y los thrillers detectivescos, y no se iría tan desencaminado. Sin embargo, en La tormenta su autora va un poco más allá y trata de configurar un personaje principal —Nora— que posee diversas capas psicológicas que se nos descubren a lo largo de las páginas del libro a través de pequeños flashbacks o momentos de introspección. Tales detalles se muestran ante el lector de un modo conciso y en forma de pequeños destellos, que a lo largo de la historia hacen dudar de la naturaleza real de Nora, envuelta en el caso criminal —la fallecida es su hermana— y que nunca se deja claro su implicación o no en su realización.

Este énfasis en dotar de una dimensión poliédrica al personaje principal, de dar complejidad más allá de la simple trama policíaca —aunque tal vez sea exagerado decir que es como si Elena Ferrante hubiera escrito una novela negra…— confiere a la novela ese extra que la desmarca del resto. A través de los recuerdos de Nora se teje una pequeña historia paralela, costumbrista, en la que se nos narra su infancia y adolescencia, con especial hincapié en su relación con su hermana: una conexión fuerte, en ocasiones más allá de la comprensión, pero que siempre guarda sus claroscuros y deja claro que no todo es tan sencillo, que las situaciones desbordan algunos sentimientos y que el perdón es un ente intangible de difícil manejo. También, en menor medida, esta relación entre hermanas deriva por momentos en una suerte de doble personalidad, como si realmente viéramos las dos partes de una misma persona, sin distinguir quién es quién en varios momentos de la narración. Esa constante transformación de hermanas a un ser bicéfalo conforma toda la parte central de la novela.

La sombra de la hermana de Nora —que podría discutirle a su hermana el trono de verdadera protagonista, otra disputa más que subyace en la historia— planea en la novela de dos formas diferentes. En dos tiempos, realmente. Por un lado, se nos presenta en un presente/futuro cuando el foco se centra en el caso policial, en el asesinato y su resolución; el conflicto policial es el presente y su resolución, el futuro. En el otro extremo, y bajo el filtro de los recuerdos de Nora, tenemos la vertiente del pasado en forma de flashbacks, que siempre quedan en entredicho por venir desde un solo punto de vista, cuando a lo largo de la novela se nos dejan pistas para dudar del razonamiento de la protagonista.

Aunque por momentos haya dudas sobre si se trata de dos personas —¿realmente existe esa hermana?— o sólo una cuando el peso recae en esa relación al final se puede llegar a la conclusión de que la bicefalia es una figura metafórica y un recurso para hablar de una conexión especial entre hermanas. Y cuando el foco recae en la fallecida, se produce la desambiguación temporal, el pasado y el presente/futuro. Ambos lados de una misma moneda —la hermana— se convierten, de forma quizás intencionada y en muchos momentos, en el eje central de la historia cuando el cómo y porqué de la trama policial pierde fuerza e interés.

Y es que todo lo que concierne al asesinato y su resolución se apaga conforme pasan las páginas, al tiempo que se va difuminando en detrimento de la vertiente más personal, psicológica y dramática de la protagonista. El hecho que pese al giro final —tan típico de estas novelas— el final del caso se presente indiferente hace que Nora y su vida se convierta, al mismo tiempo que la figura de su hermana en el pasado, en el centro de la historia. Aun así, es de agradecer que la autora consigue en que en sus últimas cuarenta páginas tanto el caso como la psique de Nora —quien se nos presenta como alguien con ciertos problemas, o al menos se pueden llegar a intuir— se conviertan en algo uniforme con momentos caóticos en los que cualquier cosa puede suceder. Aquí, en el tercio final, Nora se erige como protagonista absoluta de la historia; su batalla con su hermana termina y la acción recae por completo en ella. Nos sumergimos entonces de lleno en unos pasajes de caos y locura transitoria. Hay un viaje psicológico de dentro hacia afuera y todos los escenarios presentados se tambalean. Sin embargo, esa interesante premisa con un fuerte aire experimental —da realmente la sensación que la trama puede mutar en cualquier cosa— termina con rapidez cuando se nos encamina de forma demasiado fácil a la resolución de la novela. Y es una lástima, pues la protagonista parecía dar un giro hacia un horizonte en el que la constante duda generaba una atmósfera inestable, que convertía todo lo leído antes en la doble posibilidad de ser cierto o falso; lo que era blanco podía ser negro y viceversa. Pero al final, tal vez por no ir demasiado lejos en una primera novela, la autora vuelve al cauce convencional. Una pena, pues el resultado final, demasiado simple, le resta valor a algunos puntos interesantes que aporta la novela desde el punto de vista narrativo.

La novela apenas tiene más de 250 páginas, con lo que el ritmo es siempre alto; eso no impide, pero, pasajes de pequeños monólogos interiores —que a la larga son las mejores partes de la novela— en los que la historia se adentra en el terreno de la ficción contemporánea, dejando la parte de thriller y centrando la atención en los personajes. Con un estilo sobrio, a veces algo caótico —sobre todo al principio, hasta que la forma de escribir de Flynn se hace familiar— pero directo, toda la acción converge en un final que parece algo abrupto teniendo en cuenta de dónde se viene. Pese a ello, no llega a chirriar y cierra con bastante solvencia todos los puntos abiertos a lo largo de la novela.

Una de asesinatos que muta a ficción contemporánea y vuelve al thriller. Con En la tormenta, Berry Flynn consigue ya en su primer trabajo literario convencer lo suficiente como para convertirse en una escritora a seguir de cerca en el futuro. Esperemos que no se centre sólo en un género, puede tener recorrido en varios.

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