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Cuatro formas de ser un buen lector si quieres ser un buen escritor

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Todo buen escritor es un buen lector. Esta es una verdad con la que todos podemos estar de acuerdo.

Leer y escribir son como las dos caras de la misma moneda. Si bien es cierto que un lector puede no dar nunca el paso que le lleve a la escritura, es seguro que un escritor necesita de la lectura.

Porque la lectura proporciona al escritor un mejor dominio del lenguaje, gracias al cual se expresará mejor. También aprenderá sobre el dominio de las estructuras narrativas, la forma en que se gradúa la tensión, se dosifica la información y se disponen los acontecimientos.

Leer es por tanto una forma inmejorable de aprender el arte de la escritura, por el atractivo método de absorber, interiorizar y hacer nuestras las cualidades que hacen grande a la mejor literatura.

Pero he ahí el quid de la cuestión. Hemos dicho que todo buen escritor es un buen lector. La pregunta que debemos hacernos es, ¿qué es un buen lector?

Un buen lector debería cumplir, al menos, los siguientes cuatro requisitos.

Un buen lector es el que lee al menos un libro a la semana

Leer mucho y a menudo es la base indudable para ser un buen lector.

¿Podría uno considerarse un buen lector si lee un libro al mes? La respuesta es no.

Un buen lector es aquel de muchas lecturas. Y muchas lecturas se consiguen leyendo mucho.

Un buen lector no pone la excusa de la falta de tiempo para no leer. Un buen lector siempre encuentra tiempo para dedicar a la lectura. Si es preciso se lo resta a otras actividades e incuso prefiere la compañía de un buen libro a la de sus amigos.

Un buen lector es aquel que no solo se lee a sí mismo

Algunos escritores prefieren no leer a otros escritores. Su idea es que así preservan su escritura de las influencias externas, no desean copiar ni que su obra se contamine con el estilo de ningún escritor.

El escritor mexicano Carlos Fuentes dijo: “Tienes que amar la lectura para poder ser un buen escritor, porque escribir no empieza contigo”.

Es difícil escribir algo que aporte a la Historia de la Literatura si no se bebe previamente en sus fuentes. El talento solo es insuficiente si no se conoce la tradición. Y esto es cierto incluso cuando el objetivo del escritor es romper con esa misma tradición.

Un buen lector es el que lee diferentes géneros

La literatura de género suele seguir una determinada fórmula. No hay mucha variación en sus patrones y, por tanto, los esquemas de sus libros se repiten casi una y otra vez.

Por eso, aunque la obra de un escritor se englobe dentro de la literatura de un género concreto, debe leer libros de cualquier género, e incluso sin género.

Limitarse a leer un único género consigue justo eso: limitar. El escritor acabará, tal vez incluso de manera inconsciente, por ajustar sus obras a esa fórmula maestra que se repite una y otra vez en sus lecturas. Se volverá autocomplaciente y dejará de esforzarse por crear algo nuevo.

Al final acabará por escribir siempre el mismo libro. Solo cambiara el título y el nombre de los personajes.

Un buen lector es el que lee a los clásicos

La lectura de los clásicos es a menudo denostada, incluso (por desgracia) entre los escritores.

Se olvida que un clásico (también los clásicos modernos) se convierte en tal porque los lectores vuelven a sus páginas una y otra vez. Un clásico es aquel que se leía hace un sigo (o hace dos décadas) y se lee hoy. Un clásico es un libro al que los lectores continúan prestando atención porque algo hay en sus páginas que atrae tanto al hombre del siglo XIX como al del XXI.

¿Cuántos de los libros que leemos hoy día resistirán el paso del tiempo? No lo sabemos. Pero sí sabemos cuáles de los libros que se leyeron antaño todavía son leídos y admirados hoy. De algún modo, leer a los clásicos es jugar sobre seguro a la hora de elegir una lectura.

En definitiva, aquel que quiera llegar a ser un buen escritor debe ser primero (o paralelamente) un buen lector.

Limitar los horizontes de sus lecturas y cerrarse a explorar las mil y una posibilidades que otorga la riqueza del acervo literario es arriesgarse a convertirse en un escritor mediocre. Su lenguaje será pobre, reducido; sus temas, limitados; su comprensión de la condición humana, más allá de los gustos y modas del momento, estrecha. Y con esos mimbres es realmente difícil hacer buena literatura.

Por tanto, volvemos al principio: todo buen escritor es un buen lector

*Autor Sinjania

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