Virginia Woolf: La poética de la enfermedad

Virginia Woolf: La poética de la enfermedad

El 28 de Marzo de 1941, Adeline Virginia Stephen (Virginia Woolf) encaminó sus pasos hacia el río Ouse con los bolsillos repletos de guijarros. Esa mañana de primavera, la escritora británica tenía una cita con la muerte.

Perseguida durante toda su vida por la enfermedad mental consiguió sortear las traiciones de su mente para convertirse en una prolífica y aperturista escritora. Reivindicó el papel de la mujer tanto en la vida como en la literatura y tejió decenas de personajes que no fueron más que ella misma.

Hace unos diez años que me topé de casualidad con su brevísimo ensayo “Estar enferma”, donde durante decenas de páginas plasmó la realidad de su vida y de su mente, el porqué de su literatura al tiempo que preconizó su muerte. El breve ensayo apareció por primera vez en The Criterion de T.S. Eliot y aunque pasó desapercibido en su momento, lo cierto es que en él se reconocía ya a la escritora en la que se convirtió. El ensayo, lejos de alentar al desánimo, parecía un canto a la libertad mental y de pensamiento, a la obligada presencia de la mujer tanto en lo social como en lo literario y a la reivindicación de la enfermedad mental como fuente de cordura.

Durante la lectura de sus decenas de páginas, comprendí que ella era Miss Dalloway, Orlando, que una habitación propia no era más que la delimitación física de una mujer que, aún, encerrada en sus cuatro paredes escribiendo sin cesar, poseía una libertad de pensamiento incomprendida en su momento, pero que abriría las puertas del librepensamiento de épocas posteriores.

Y también recordé a la Ofelia de Shakespeare y la percibí como a una libertaria trastornada, incomprendida y adelantada a su tiempo. Y al cuadro de John Everett Millais (1829-1896)  y su Ophelia engalanada y flotando en el agua como dormida.

La Ofelia Adeline no visitó el río para morir sino para vivir, para fundirse con el agua y renacer del útero materno y seguir escribiendo desde ese lugar donde la enfermedad y el dolor tocan definitivamente a su fin.

Después de haber leído el ensayo decenas de veces no me queda más que concluir que la creatividad no puede ni debe estar exenta de locura, tanta, a veces, que tiene que pagarse con la vida.

“No hay puerta, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Virginia Woolf (1882-1941)

Sobre el autor

Lectora y viajera incansable.

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