Una visión crítica de la obra de @Defreds

Una visión crítica de la obra de @Defreds

Efectivamente, la poesía —y cualquier otra expresión literaria— determina, en ocasiones, el devenir de toda una comunidad, en cuanto que es manifestación de sus ambiciones y de sus malestares. Y es que el arte recoge el eco de los demonios del hombre y de sus delirios de grandeza, pero también delata la decadencia humana cuando la cultura se encuentra en horas bajas.

Hoy en día, la literatura atraviesa una etapa de cambio: como espejo del mundo, trata de adaptarse a su constante transformación. Aquí es donde entran en juego los nuevos autores que, en la actualidad, han cosechado un éxito inmenso con sus textos. Resulta complicado decidir si tal fenómeno entraña una evolución o una involución: por un lado, se ha fomentado sensiblemente la afición juvenil a la lectura; sin embargo, se ha depauperado la concepción de la cultura, o al menos así lo estiman los sectores académicos.

Pues bien, el futuro de nuestra cultura está en manos de la funesta generación de adolescentes que apenas abandona su vaivén del móvil al ordenador. Todos sabemos a quién nos referimos; no obstante, para tomar un ejemplo, vamos a bosquejar a continuación una visión crítica de Casi sin querer, la opera prima con que @Defreds irrumpió en el encarnizado panorama literario.

Para aquellos que no conozcan al artífice de esta obra, cabe señalar que @Defreds es el moderno pseudónimo bajo el que se atrinchera José A. Gómez Iglesias, un autor que está cosechando un desmesurado éxito en librerías —Casi sin querer suma ya dieciséis ediciones en dos años— y, sobre todo, en Internet. Pertenece a esa quinta de escritores apenas púberes que, gracias a su masiva aceptación en redes sociales, han dado el gran salto a las ediciones en papel, bajo el mecenazgo de sagaces grupos editoriales.

El negocio era una apuesta sobre seguro: el público digital de estas voces noveles estaría dispuesto a gastarse la paga de la semana en un libro que recogiera cuantas publicaciones en Instagram o Twitter convertían a @Defreds y sus congéneres en ídolos de la red. Así nació Casi sin querer y esa es la razón de que hoy figure en las listas Top 10 de Amazon y en los estantes más visibles de El Corte Inglés. Todo un chollo para Frida Ediciones, a la que hay que reconocerle una visión comercial envidiable, eso sí.

Casi sin querer es un compendio de numerosos textos brevísimos que podríamos calificar como “poemas en prosa” —la colección reza valientemente Prosa poética—, “pensamientos líricos”, “microcuentos” o, sin ánimo de ofender a Ferlosio, “pecios”. Pese a la abundancia de reflexiones, existe un tema central en torno al que oscilan todas ellas: el amor adolescente. Como es inevitable, llenar 172 páginas de un mismo asunto acaba resultando redundante, cuando no tedioso y hasta molesto. La obra podría definirse como un recorrido turístico por todos los manoseados tópicos de la literatura de masas, especialmente de la novela rosa. Eso sí, todo ello traducido a los cánones de lo que la juventud entiende hoy por amor.

Si algo ha encomiado el vulgo acerca de @Defreds es su forma de presentar la insignificancia de lo cotidiano como un placer delicioso: en cada instante del día a día hay una chispa de magia si la vida se comparte con alguien. Dicho así, puede sonar incluso atractivo. El problema surge cuando el lenguaje no acompaña al propósito: cuando el fondo anhela sencillez pero la forma acusa simpleza —que no es lo mismo—. Efectivamente, apenas hay oración que no concluya con un ripio innecesario o con alguna coletilla que, al parecer, confiere encanto al texto: «…por cualquier calle del centro», «…viendo pelis malas de La 1», «…masturbándose pensando en él», «…comiendo chocolate Milka», etc. Por no hablar de cuando el señor @Defreds conjuga todas estas especias insulsas y acaba describiendo una ensalada casi kafkiana. A propósito: por desgracia, los cuatro ejemplos son reales.

Asimismo, los juegos de palabras impregnan las páginas del libro; no obstante, lejos de sazonar su prosa insípida, este ingenio forzado y estéril la deforma más todavía para evolucionar de lo kafkiano a lo dantesco. Al igual que del ingenio, el autor abusa de las frases lapidarias que, por afectar gravedad y trascendencia, acaban naufragando en el ingenuo conato de abordar lo abstracto por la vía ordinaria. «Y supongo que eso es el amor: sonreír callados»: sonreír callados, ¡por fin!, las dos palabras que definen con precisión el sentimiento que ha intrigado al hombre a lo largo de los siglos. Pero eso no es todo: su manía de definir lo inenarrable en términos binarios continúa con «siempre pensaré que el amor es hacerse reír». Hacerse reír: la literatura amorosa de todos los tiempos reducida a la risa, al chiste. Amén de la pobreza temática de la obra, de la repetitividad mentada arriba.

Quizás como homenaje a Lope de Vega, @Defreds habla al vulgo en necio para darle gusto: sus toscas palabrotas, sus incomprensibles laísmos madrileños en boca de un vigués, sus «cerca tuya, amor mío», etc. Baste como ejemplo el microcuento número 23: «Y al final, resultó ser gilipollas». Todo un universo en seis palabras.

Y todavía queda el plato fuerte: lo obsceno, lo soez, lo burdo, lo grosero. ¿Qué es aquello de sugerir, de insinuar, de provocar? El autor, que tanto se había afanado en descubrir la magia por cada rincón polvoriento, destruye el encanto de forma incongruente y morbosa en lo concerniente al sexo: del poema titulado así —Sexo, perspicazmente ubicado en la página 69— podemos espigar joyas como «soplar encima de tus bragas», «mover la lengua de arriba a [sic] abajo» o «rozar por encima de tu clítoris». ¿Dónde ha quedado la casi preferible cursilería de sonreír callados? ¿Definiríamos ahora el amor como rozar clítoris?

En suma, Casi sin querer encarna a la perfección el apogeo epidémico de la cultura popular, por no decir vulgar y chabacana, que inunda plataformas como Instagram, Twitter o Tumblr, así como el contagio de su característico “postureo”           —obligado el recurso a este vocablo neonato—. Tal vez lo mejor es que las bestias del Tártaro se queden en su averno personal (sin ánimo, por nuestra parte, de afectar elitismo o aristocracia literarios), o sea, en sus preciadas redes sociales. El motivo es muy sencillo: corremos el riesgo de que vean la luz ejemplares como este precario ars amandi de @Defreds, equiparable a un libro de autoayuda para lectores que no aún no han aprendido a besar sin lengua. Lo dicho: la literatura es un arma cargada de futuro, y es preciso elegir bien quién va a dispararla y con qué munición.

Sobre el autor

Licenciado en Filología Hispánica. Vivo para escribir y, sobre todo, escribo para vivir.

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: