julio 27, 2016

Robots escribiendo libros y naves ardiendo más allá de Orión

Robots escribiendo libros y naves ardiendo más allá de Orión

En 1984, de George Orwell, los habitantes del mundo distópico vigilado por el Gran Hermano leían libros generados por máquinas. Recuerdo que este dato me sobrecogió enormemente la primera vez que lo leí, ¿algún día existiría un libro escrito por un robot? ¿Lograría una inteligencia artificial imitar o mejorar el imaginario de un autor?

Esas cuestiones, lejana hace unas décadas, son hoy en día una realidad más que posible en un futuro cercano. Ya existen algoritmos que logran mezclar el estilo de varios autores o mejorar la gramática utilizada pero ¿y un paso más allá?

Ray Kurzweill, director de ingeniería de Google, predijo que en 2029 los ordenadores serían capaces de burlar incluso al ser humano más listo. Eso no me parece difícil – entiéndase la ironía – pero profundizar en la comprensión humana, adquirir la experiencia de un autor y transformarlo en la “magia” necesaria para publicar un libro brillante, eso me parece otra cosa.

Por ejemplo, los robots ya están preparados para mezclar el estilo de varios autores que han estudiado previamente, como es el caso del programa Racter, con el que se publicó el libro “La barba del policía está medio construida”.

También se están dando casos de autores que se apoyan en algoritmos para sus creaciones literarias, como es el caso de Alejandro Prokopóvich, que en 2008 publicó un libro gracias a TrueLove (así se llamaba su proyecto de escritura matemática).

Novelas con coautores humanos y…tecnológicos. Suena a ciencia-ficción, ¿verdad? Aunque todos estos avances puedan parecernos inquietantes lo cierto es que las máquinas aún se encuentran importantes escollos a la hora de crear obras literarias: la longitud y el entendimiento de la ficción son las principales barreras.

Resulta que a las máquinas les cuesta “entender” lo que interesa a un humano desde el punto de vista de la ficción. En el Instituto Tecnológico de Georgia están construyendo un programa de inteligencia artificial que pueda construir ficción interactiva (a gusto del consumidor), pero aún no es capaz de comprender más allá de encontrar patrones y lograr mezclarlos.

Por otra parte a las inteligencias artificiales les cuesta mucho mantener la atención del lector a partir de las 3.000 palabras. Parece que no somos tan sencillos en cuanto a gustos artísticos se refiere y la verdad eso me alivia.

Puede ser que sea una romántica y por eso sigo llenando mis estanterías de ediciones físicas de libros que me hacen salivar. Puede ser que por eso pensar en libros escritos por robots me resulta a priori tremendamente frío al tacto (y a la imaginación).

Leer es comunicarse con los muertos, es una conversación cuerpo a cuerpo con el autor, una de las formas más bellas que el ser humano tiene para superar su condición limitada. ¿Robots escribiendo libros? Quién sabe, y quizás naves ardiendo más allá de Orión.

 

Sobre el autor

25 horas dedicada a escribir. Periodista especializada en cultura.

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