Narcisa de J. SHaw o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba

Narcisa de J. SHaw o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba

Querido lector, ¿qué dirías si Robert Crumb, Hubert Selby Jr., Iggy Pop y Marilyn Manson te recomendasen una novela? ¿Y si Jim Jarmusch, el aclamado cineasta indie por antonomasia, tuviese esa misma novela en un altar? ¿Y si te digo que el autor de esa novela es un legendario tatuador y la mayoría de la tinta que recorre el deseado cuerpo de Johnny Deep es obra suya, y que es el mismo Deep quien redacta de su glamuroso puño y letra la cita hagiográfica en la contraportada del libro?
¿Y si, para rematar, te digo que el autor es el mismísimo hijo del mítico clarinetista de jazz Artie Shaw, que contó en su orquesta con Lady Blues, la señorita Billie Holiday?
El hombre detrás de todo este desfile de hitos del S.XX y del S. XXI es el señor Jonathan Shaw y su novela se llama Narcisa. Prologado el libro por Lydia Lunch, la mujer más punk del mundo, Narcisa, en sus 697 páginas de dinámica lectura, nos introduce en la alocada cabeza de Narcisa, una demente lolita del extrarradio, prostituta y adicta al crack, ciega al amor salvo que su amado le introduzca dinero en el bolsillo y la lleve a pillar la droga que necesita más que el aire que respira. Narcisa nos es relatada a través de la mirada de su amante, Cigano, ex yonqui, gitano y nacido en Río de Janeiro, el otro gran personaje de la novela: un Río de Janeiro alucinado y alucinante, poblado de favelas que extienden su cáncer urbanístico por las laderas de una ciudad donde la vida no vale nada y niños armados se disparan entre sí por unos metros de gangrenado territorio.
A lo largo de Narcisa (la novela), Narcisa ( el personaje) pierde los últimos tornillos que le quedaban, se fuma toneladas del vicioso crack para apagar las voces filtrándose en su cabeza, abandona y vuelve con Cigano, insulta y roba a quien se le ponga por delante, enhebra teorías delirantes sobre alienígenas como ella misma dice que es, pide pizza y coca cola con hielo a gritos, folla con Cigano para exigirle más dinero y hasta se casa con un gringo forrado de pasta y viaja a New York brevemente. Pero el argumento aquí es lo de menos y solo la voz interior, razonable casi siempre, a punto de sumirse en la desesperación muchas veces, de Cigano cuenta. Y Cigano lo cuenta todo, con pelos y señales. Hay frases que harán arrugar las narices de feministas ortodoxas, porque Shaw se sitúa aparte de los tiempos actuales de corrección política, de moralidad cartesiana, de perorata de púlpito progre.
Las voces de lo que un día se llamó Contracultura, antes de ser engullida por su versión de plástico, se cuela en Narcisa y revivimos viejos favoritos de la literatura punk que tanto nos gusta; Bukowsky, Hulby Selby Jr., William Burroughs o Hunter S. Thompson aplauden con las orejas a Shaw, desde el infierno.
No hay freno en Narcisa (la novela y el personaje), ni piedad. Sí compasión y empatía. Verdad. También litros y litros de desesperación. La rueda de hámster de la adicción da vueltas y más vueltas mientras leemos. Hay humor; el humor seco de los perdedores en la vida y en el amor. La risa salvaje del insomne, del atribulado, del enamorado, del mártir, del zombi Cigano, que estudia empíricamente la monstruosa psique de Narcisa, hasta llegar a la conclusión de que no hay nada que descubrir allí. No hay redención, sino rendición. Hacer las maletas y aceptar lo perdido con deportividad. Es lo que tiene juguetear con el lado salvaje de la vida, de introducirse en la árida tierra del amor enfermo. Sin descanso, sin victoria alguna, sin lección a aprender, Narcisa te llevará de viaje iniciático al submundo del terror, del crack, de las prostitutas ofreciendo su baqueteada mercancía, de los turistas siendo desplumados en cualquier esquina, de la policía corrupta que patrulla las calles de Río, esa Sodoma tropical, excesiva y hedonista. Al cerrar el libro, querido lector, darás las gracias por ser únicamente un turista literario de los bajos fondos.
Y, ey, estarás con Johnny Deep en el club de fans de Jonathan Shaw; nada menos.

Sobre el autor

Nacido y echado a perder en Negreira, un pequeño pueblo de Galicia, en 1978. Licenciado en Psicología Clínica. Escritor por afición y lector por necesidad: sin un libro a mano no se encuentra ni la mano. Amante de las cosas pequeñas con dientes, la música que no cabe en los altavoces y los hechos imposibles que pasan todos los días.

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