Mientras haya bares y las piezas universales de Juan Tallón

Mientras haya bares y las piezas universales de Juan Tallón

En la contraportada de Mientras haya bares, de Juan Tallón, se puede leer la opinión de su compañero de profesión, Manuel Jabois: “En todos los libros de Juan Tallón late siempre lo más difícil en un escritor: una voz propia”. Se trata de una afirmación excepcionalmente acertada, pues si algo caracteriza a Juan Tallón es un estilo reconocible tanto en sus libros como en sus columnas semanales en El País o El Progreso y artículos de la Jotdown. Una voz que todos los tallonistas (término acuñado por un admirador que sufre una curiosa maldición con los libros del escritor gallego) podemos reconocer en cualquiera de sus textos.

En Mientras haya bares, uno se encuentra de bruces con una gran mayoría de sus columnas y artículos, historias que respiran naturalidad y vida cotidiana, el tipo de acontecimientos que pueblan nuestros días y constituyen lo que podría llamarse núcleo duro de nuestras vidas, pura rutina; pero que Tallón transforma con maestría en piezas universales, aderezadas a veces de manera inextricable con literatura, fútbol, cine, música. No quisiera dar pie a confusiones, pues aunque las columnas de Tallón huyen de la grandilocuencia como quien huye del diablo, se enraízan en un heroísmo apocado, y también en cierta sensación de comedia absurda. La vida es así, ¿no es cierto? Tallón encierra sus historias aparentemente nimias con una prosa cuidada y que se ajusta perfectamente a lo que cuenta, una virtud nada fácil de encontrar: que el estilo acompañe sin matar. Porque las historias que Tallón nos cuenta son demasiado buenas como para que nada las aplaque: Paul Auster en un bar cutre de Santiago, Hegels o la vespa de Cortázar, aplicadas reflexiones sobre la profesión de escritor (“El escritor escribe porque algo en él no anda bien, porque algo arde dentro, y el lector lee porque lejos de los libros hace mucho frío”), Juan Rulfo, Borges, y detalles mayores y menores del alcohol (“Causa y a la vez solución de todos nuestros problemas”, decía Homer Simpson), de las drogas, de pijamas y de la Galicia moderna (retranca, mucha, como no podía ser de otra forma). Por cierto que en ninguna parte como Mientras haya bares encontraréis un texto mejor sobre la resaca (originalmente publicado en la Jotdown): llevo usándolo como inspiración desde que lo leí hace años.

Juan Tallón borda lo sublime en muchos de sus textos, que se pueden consumir de a poquito, como el buen chocolate negro; o a puñados, de forma voraz, como lo haría un animal famélico. Su libro funciona de ambos modos, y regala soberbias reflexiones sobre la vida que uno hace propias al instante de leerlas, como esta con la que cierro la reseña, y que es de mis preferidas: “La vida gana interés porque a menudo va de otra cosa, no de la que creíamos”.

También Mientras haya bares va de otra cosa. Pero también de bares.

Ernesto Diéguez Casal

Sobre el autor

Vividor nato; soñador; y de paso, también escritor. Todo a tiempo completo.

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