julio 26, 2016

Marqués de Pelleport ‘Los bohemios’

Marqués de Pelleport ‘Los bohemios’

De la misma forma con la que Mijaíl Bajtín estudió la resistencia de la cultura popular en la Edad Media a partir de la obra de Rabelais, la novela Los Bohemios del marqués de Pelleport (Anne Gédéon Lafitte, Francia, 1754-1807) bien podría iluminar muchas de las formas de oposición al Antiguo Régimen de Francia.

Recuperada de los archivos (Paul Lacroix, autoridad en literatura francesa del S18, habría escrito un comentario sobre la novela en Bulletin du bibliophile de 1851) por el historiador Robert Darnton —autor que siempre se interesó por estudiar las formaciones culturales que dieron origen a la Revolución Francesa—, esta obra desconocida desde 1790 (y que de a poco comienza a circular por medio de University of Pennsylvania Press en EE.UU., y en nuestro idioma a través de la colección Papel de liar de Global Rhythm Press) nos permite atestiguar la vida de los poetas y escritores miserables de Grub Street londinense en el S18.

En el prólogo de ambas ediciones, Darnton escribe: “Después de reconstruir la vida del autor, considero que es uno de los personajes más interesantes con que me haya topado en los archivos. Anne Gédéon Lafitte, marqués de Pelleport, era un sinvergüenza, un réprobo, un granuja, un provocador. Tenía gran encanto y seducía a quienes se cruzaban en su camino dejando un reguero de miseria y sufrimiento por donde pasaba. También él vivía en la pobreza porque su familia lo había desheredado y dependía de su habilidad y su pluma para escapar de la miseria. Era un aventurero que pasó la mayor parte de su vida vagando de un lugar a otro, y la novela nos ofrece una visión picaresca de esos caminos”.

Si bien la expresión “Bohémiens” aludía en el S18 a ciertos grupos de vagabundos —con pretensiones artísticas— exiliados de la región de Bohemia (el álter ego del marqués de Pelleport en Los Bohemios era un poeta vagabundo), este término llegaría a convertirse en el S19 en el máximo ideal de la cultura bohemia en París (representada por pintores impresionistas, o el reconocido poeta Arthur Rimbaud, que recorrió muchos países a pie “comme un bohémien”).

La novela del marqués de Pelleport, escrita en contra de los valores oficiales y ortodoxos del Ancien Régime, relata las experiencias del mundo en el que vivían estos primeros vagabundos errantes que aterraban a los campesinos comunes en los campos de Champagne (usurpando sus hogares, robando y matando sus gallinas) y que consideraban a la propiedad privada como un siniestro carcelero: eran escritores renegados y malditos que huyeron endeudados de Francia y crearon una colonia de expatriados en Londres (“Un rayo de sol ha penetrado de mi corazón… La libertad y las barreras sociales han caído a mis pies. Ya lo he dicho: voy a marcharme a través de la tierra.”). Grub Street designaba la calle de esa misma ciudad donde se refugiaron los escritores franceses perseguidos por la policía de Luis XVI: precisamente en el distrito de Cripplegate, donde se encontraban los talleres de impresión más baratos de Inglaterra.

Si bien la bohemia, como estilo y forma de vida, expresaba claramente una revuelta contra algunas de las características del capitalismo industrial, algunos críticos especializados en el estudio de esta subcultura –como Ken Gelder en Subcultures…–  observan que se trataba, sin embargo, de un fenómeno social sólo pensable y posible dentro del auge y desarrollo de una sociedad de explotación capitalista. Lo cierto es que Grub Street, para estos marginados del sistema, poco a poco se transformó en un confiable lugar para ganarse la vida (precariamente) escribiendo literatura.

Los bohemios es novela picaresca (al mejor estilo de Gargantúa y Pantagruel, llena de humor, doble sentido, escandalosos incidentes y obscenidades), un panfleto libelista difamatorio. Pero lo más interesante es que Robert Darnton pudo corroborar, con los archivos secretos tiempo después, la semejanza con muchos de los personajes y situaciones de la novela con datos empíricos y oficiales en los archivos de policía; así como el posterior arresto del propio marqués de Pelleport en la Bastilla, donde permanecería encerrado durante más de cuatro años muy cerca del reconocido (apólogo de toda forma de crimen y destrucción)  marqués de Sade.

Posiblemente, como sugiere Jaques Ranciére en Politique de la littérature, debamos poner otro nombre a la revolución: se llama “literatura”, régimen moderno del arte de la palabra que anuló la diferencia entre temas nobles y temas viles, entre vidas dignas de ser contadas y las vidas oscuras.

A las interpretaciones políticas de Francoise Furet sobre la revolución francesa que tanto esfuerzo hicieron por superar las causales determinaciones económicas y “vulgatas marxistas”, se suman ahora nuevas sobre-determinaciones culturales  que contribuyeron significativamente a conformar los ecos más poéticos y radicales de la revolución que comenzó hacia 1789.

Escrito por Juan Arabia

Sobre el autor

25 horas dedicada a escribir. Periodista especializada en cultura.

Entradas relacionadas

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR