Mantícora o el milagro psicoterapéutico

Mantícora o el milagro psicoterapéutico

 Tras el éxito rotundo de El Quinto en Discordia”(1970), el canadiense Robertson Davies (1913-2013) da una vuelta de tuerca con el segundo volumen de La Trilogía de Deptford , con Mantícora (1972). La novela, que puede ser leída independientemente del orden de la Trilogía, coloca como narrador a David Staunton, el hijo del magnate Boy Satunton, fallecido en un misterioso accidente de automóvil.

David, un afamado y adinerado abogado, se rompe por dentro y no puede más que poner rumbo a Zürich para someterse a un tratamiento psicoanalítico en el Instituto Jung de la ciudad suiza, de la mano de la Dr. Von Haller. Reacio en un principio a seguir la disciplina impuesta por la terapeuta, poco a poco, comienza a desvelar sus traumas, demonios y remordimientos en torno a la figura de su padre y a su trayectoria personal, profesional y familiar.

Davies, una vez más, deja al lector boquiabierto con la magnificencia de su narración y con una verosimilitud impactante envuelta de imaginación, fantasmas y demonios. Es tan real, que inquieta. La novela, teniendo como único narrador al protagonista de la historia, repasa las sesiones terapéuticas a las que David Staunton se somete durante todo un año. Tras la reticencia inicial, el abogado realiza un viaje catártico hacia las profundidades de su propia vida y explora las regiones más profundas de la mente humana. Queda completamente al descubierto el binomio del protagonista de racionalidad/sentimiento, tanto tiempo olvidado en su inconsciente y asume el desequilibrio interno que sufre tras la muerte de su padre y la influencia que éste tiene en todas las facetas de su vida.

Lo realmente llamativo del autor y de la redacción de este fantástica novela es la capacidad para atrapar al lector a un submundo de realidad y fantasía, de mitos y leyendas, de milagros y de certezas. La alegoría de la mantícora, animal mitológico mezcla de león, cabeza de hombre y cola de aguijón, es el pretexto para retratar la esencia del protagonista y casi la de cualquiera de nosotros.

Con una narrativa casi teatral que recuerda a Shakespeare, la novela encierra al lector en su propia mente, pareciendo así que no solo David está en manos de Von Haller. De tan real, los lectores parecemos acudir también a las sesiones de psicoanálisis y sobre todo consigue que removamos nuestra propia identidad a lo largo de la narración.

Davies demuestra con Mantícora, una erudición al alcance de muy pocos y consigue, como hizo conmigo, dejarnos en la más absoluta sequía literaria tras acabar la novela, preguntándonos una y otra vez, cuál será la siguiente novela que nos deje en absoluto estado de shock.

*Y no quiero terminar sin dedicar especialmente este artículo a J. mi compañero de fatigas, por todas las confidencias jamás desveladas. Gracias, siempre.

Sobre el autor

Lectora y viajera incansable.

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