Los días ajenos de Bob Pop: una biografía de todo lo que callamos

Los días ajenos de Bob Pop: una biografía de todo lo que callamos

Bob Pop es Roberto Enríquez, que a la vez es un personaje de difícil clasificación, pero me arriesgaré y diré “crítico de la cultura pop y escritor”. Yo lo descubrí hace unos años, cuando co-presentaba/hacía una sección en el programa de Buenafuente + Berto Romero (entonces era “En el aire”, pero esa unión sigue y ahora es “Late motiv”). Su gusto por la moda es exquisito, y más de uno seguro que lo recordará por sus camisas y sus pajaritas (sin desmerecer, claro, su ácido humor negro).

El pasado marzo, la editorial Somos Libros publicó su tercer libro. Con anterioridad, Bob Pop había escrito la novela Mansos (2010) y el ensayo humorístico Cuando haces Bob ya no hay stop (2013). Su nueva propuesta, Días ajenos, es menos convencional (si hay algo de convencional en él): un ejercicio interesante y cargado de sensibilidad.

Días ajenos es un diario personal que abarca primavera y verano. Mejor dicho, primaveras y veranos. El ejercicio consiste en recuperar fragmentos de diarios de escritores famosos y combinar esos fragmentos con extractos de días propios, de años pasados. Además, hace una relectura y una reflexión desde el presente, lo que ofrece una visión omnisciente y anticipatoria.

Bob realiza una reinterpretación de sí mismo a través de la intertextualidad, que tiene como finalidad encontrarse en palabras ajenas, hacer propios los estados anímicos de otros. Se crea una vinculación misteriosa y fortuita entre individuos muy dispares, pero es a través de esta interpretación y relectura que el yo es capaz de crearse una narrativa, un hilo conductor, es decir, una identidad. La identidad al más puro estilo derridiano, el uno es el otro en la diferencia.

Este diario de diarios está narrado desde diversas voces. Los diferentes personajes, en especial aquellos recurrentes (como Cesare Pavese, Keith Haring o Virginia Woolf), adquieren una dimensión y presentan tantos claroscuros que se convierten en actores secundarios del diario de Bob, con subtramas y voz propia. Asimismo, Bob se desdobla en este ejercicio y se presenta desde dos puntos distintos: desde la escritura (pasado) y desde la lectura (presente).

Lo más destacable de la obra es la dimensión poética y literaria que va adquiriendo el texto paulatinamente, mostrando más de lo que dice, creando una trama a través de silencios y evasivas, paradigma de una actitud ante la vida que el Bob del presente parece haber subsanado.

El mensaje, al final, es de esperanza, incluso en estos días de precariedad laboral y de hastío generalizado. No es un libro de autoayuda o de optimismo de la ignorancia, sino que el dios en el que se convierte el autor, gracias a ese plano externo que adquiere en la relectura de los días pasados, augura un futuro mejor, así como reinicios que prometen felicidad si se tiene la valentía y la entereza de luchar por la dignidad.

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