La locura también se escribe

La locura también se escribe

Aseveraba el escritor Enrique Vila-Matas que “los escritores acaban solos y acaban mal”.

Ciertamente la inquietud que golpea con sus dientes de desazón la cabeza de un “acumula letras y sentimientos” puede producir trastornos mentales que, llevados a la hoja en blanco, en ocasiones llegan a convertirse en hermosas sinfonías que logran que el lector disfrute de una manera sobresaliente, sencillamente elevada.

Tal vez exista una frontera bastante quebradiza entre el ingenio y el enloquecimiento. A veces hay que ser muy excéntrico para mostrar al público lo que uno realmente piensa y siente; pudiera decirse que una de las constantes vitales del genio que escribe es la locura que emana en sus textos, en su vida cotidiana. Sobran ejemplos de grandes autores de la literatura universal que sufrieron todo tipo de dolencias mentales, hasta el punto de acabar completamente perturbados.

H.P. Lovecraft, escritor estadounidense de novelas y relatos de terror, padeció un trastorno del sueño traumático, dolencia vinculada a la paranoia. También sufría de depresión profunda, aunque finalmente acabó falleciendo a causa de un cáncer intestinal. Pudiera decirse que durante casi toda su existencia, Lovecraft padeció un dolor constante que, a fin de cuentas, reflejó en gran parte de sus obras.

Otros ejemplos de escritores que acabaron malamente a causa de las dolencias mentales son Jean-Jacques Rousseau, el cual tenía paranoia y creía que era perseguido, o León Tolstoi, quien sufría graves episodios depresivos.

Por su parte, Franz Kafka, padecía neurosis y depresiones agudas, algo que hacía que su estabilidad emocional fuera totalmente vacilante, viviendo momentos de gran desidia, sumados a problemas del sueño.

Uno de los casos más contundentes acaso sea el del Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway. Este escritor sobrellevaba ataques de nervios, manía persecutoria y propensión al suicidio. Su caso acabó de la peor de las maneras: una mañana del mes de julio agarró una escopeta y se voló los sesos.

Estos son unos cuantos ejemplos de “demencia literaria”, por calificarlo de alguna manera, pero existen muchos ejemplos más. Posiblemente la neurosis, sumada a la genialidad y a las artes, consigan sacar lo mejor de nosotros mismos, o lo peor… Tal vez una mente maltrecha sepa plasmar con mayor facilidad las aristas de los grandes sentires que nos circundan a lo largo de nuestro día a día, aunque, en contraposición, conozco a muchos escritores y poetas que me han llegado a aseverar que la literatura les ha salvado de la locura, que les ha servido como ansiolítico.

Quién sabe, así pues, qué se esconde tras la cabeza de ese hombre o de esa mujer que se sienta frente al papel con la propósito fútil de garabatear ambiciones, zozobras y sentires furtivos.

Sobre el autor

Alexander Vórtice (Pontevedra, 1979), es poeta, columnista, escritor y colaborador en “Diario de Pontevedra”, PontevedraViva.com y en diversos blogs literarios tanto en España como en Sudamérica.
Sus obras publicadas hasta el momento son ‘Destilería Ocaso’ (2004), ‘Neurosis Tremens’ (2005), ‘Material de Soños’ (2008), ‘Dios y Otros Superhéroes’ (2013) y “Atrofiadas as Estrelas” (2016).

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