Juan Goytisolo: ¿una vida de mentira o una ficción de verdad?

Juan Goytisolo: ¿una vida de mentira o una ficción de verdad?

En 1966 publicaba Juan Goytisolo, en México, una de sus mejores novelas: Señas de identidad, protagonizada por Álvaro Mendiola, un catalán de ascendencia cantábrica pero afincado bien en Barcelona, bien en París. Un hombre de poco más de treinta años que añora y necesita a su patria al mismo tiempo que la odia y reniega de ella. Qué casualidad: tanto en edad como en genealogía, en residencia y en cambiante apatridia, Álvaro Mendiola es la viva imagen de Goytisolo.

Efectivamente, puede considerarse Señas de identidad como una suerte de encubierta autobiografía de Juan Goytisolo, y hay muchos más detalles que lo ratifican: ambos tienen un abuelo emigrado a Cuba y «convertido en uno de los magnates de la industria azucarera cubana gracias a su despiadada explotación de […] los esclavos» (Goytisolo, Coto vedado [1985: 11]), ambos leían biografías de niños santos, ambos sufrieron el asalto de los republicanos durante la Guerra Civil, ambos conocieron a una criada morbosamente católica, etc. Pues bien, todos estos ejemplos que acabo de espigar se encuentran en la verdadera autobiografía de Goytisolo: Coto vedado, publicada en 1985.

¿A qué conclusión nos conducen estas averiguaciones? Quizás uno podría pensar que no tiene sentido reflejar la personalidad propia en una novela como Señas de identidad para, tiempo más tarde, escribir una pormenorizada autobiografía. Pues bien, este fenómeno fue frecuentísimo en los años que sucedieron al fallecimiento de Franco: cuantos escritores habían compuesto sus obras a la sombra de la dictadura se vieron en la necesidad de contar su propia historia. Después de años de represión, de medir las palabras y poner límites al ingenio, por fin había llegado la libertad: era el momento de decir todo lo que habían callado.

Como he señalado antes, Señas de identidad viene a ser, en cierto modo, una autobiografía subrepticia de Juan Goytisolo, una verdad disfrazada de ficción —una autoficción—, una confesión con máscara de novela. Álvaro Mendiola encarna a su propio autor y creador, y revela sobre él cuantos íntimos secretos solo podían ser admitidos en el mundo ilusorio de la prosa. Pero aquello no bastó a Goytisolo. Su trilogía Álvaro Mendiola seguía siendo, al fin y al cabo, una confidencia a medias, una verdad de mentira. Ni siquiera logró publicarse en España hasta 1976, difunto ya el Caudillo. ¿Qué tipo de liberación era aquella, pues? El literato catalán todavía tenía mucho que decir, y quería elucidarlo de la forma más clara posible. En consecuencia, fue necesaria la redacción de Coto vedado, cuyo título ya nos remite al terreno más íntimo y prohibido del hombre, finalmente sacado a la luz para alivio del autor. Veamos, en relación con esto, cómo define Goytisolo su anhelada autobiografía:

Empiezas a ordenar tus sentimientos e impresiones, plasmarlos en la página en blanco, […] sujeto a los meandros de la memoria, imperativo de dar cuenta, a los demás y a ti mismo, de lo que fuiste y no eres, de quien pudiste ser y no has sido, de precisar, corregir, completar la realidad elaborada en tus sucesivas ficciones, este único libro, el Libro que desde hace veinte años no has cesado de crear y recrear y […] todavía no has escrito (ib.: 31).

Hay otros pasajes harto ilustrativos de este afán por acudir a los dominios pantanosos de la memoria y recuperar un ayer en ruinas: «¿Cómo es posible reconstituir un pasado tan remoto si incluso el más reciente aparece sembrado de incertidumbres y dudas?», se pregunta Goytisolo (ib.: 38); más tarde, tratando de rememorar con detalle la muerte de su madre, afirma: «conozco las trampas de la memoria y sus reconstrucciones ficticias» (ib.: 69). El autor es consciente de las dificultades que entraña su empresa, pero aun así se arroja al abismo temible de su pasado reprimido.

Es sorprendente la cantidad de temas que aborda y, sobre todo, la sinceridad con que lo hace. Parece que su confianza en el lector es ciega, o bien su necesidad de contarlo es abrumadora, dado el grado de intimidad de las confidencias. Por ejemplo, habla de su relación con los distintos miembros de su familia, sin temor a manifestar su antipatía hacia alguno de ellos; expone sus amistades y enemistades con otros literatos, críticos o editores contemporáneos, así como explica el proceso de creación de algunas de sus obras; también describe explícitamente cómo fue evolucionando su sexualidad, desde una posible asexualidad —que no excluía la masturbación o las visitas banales al prostíbulo— hasta su relación final con Monique —con sus crisis y sus infidelidades—, pasando por una constante incertidumbre sobre su homosexualidad, que desembocó en más de una experiencia probatoria.

Sorprende que un hombre de personalidad tan introvertida se convirtiera, armado de su pluma, en una persona tan atrevida y abierta. No olvidemos que la prosa de Goytisolo fue una de las más audaces de la época experimental; su actitud frente a la realidad, un beligerante desafío. En su literatura, además, demuestra algo que todos deberíamos aprender: una de las mejores maneras de desnudarse es hacerlo frente a una hoja en blanco.

Sobre el autor

Licenciado en Filología Hispánica. Vivo para escribir y, sobre todo, escribo para vivir.

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