Iván Ferreiro: canciones que marcan épocas

Iván Ferreiro: canciones que marcan épocas

Que la música es una expedición al interior de uno mismo lo saben muy bien tanto Iván Ferreiro como sus primeros incondicionales, aquella generación que a finales de los 90, en plena adolescencia, sentíamos que muchos de los mejores momentos de nuestra corta existencia se correspondían con temas como El equilibrio es imposible, Promesas que no valen nada o Inevitable. Resumir más de 20 años de carrera, de caídas, tropiezos, alegrías y desilusiones, no es tarea sencilla, pero la periodista Arancha Moreno logra dar forma y, sobre todo, sentimiento, a Iván Ferreiro. 30 canciones para el tiempo y la distancia (Efe Eme), una peculiar biografía del músico gallego, quien fuera líder de Piratas y que a día de hoy continúa su carrera en solitario como uno de los compositores más respetados y queridos del panorama musical.

Este libro es para todos los que nos hicimos mayores con las letras crípticas y sin embargo tan cercanas de Piratas –especialmente, ese ‘Relax’ tan maduro con el que ya se despedían como banda – y tratábamos de adaptarnos a la inestable madurez que nos permitía un país que caminaba con paso firme hacia una crisis con la compañía de temas como Tristeza, Toda la verdad o Fahrenheit 451. Es un libro que, como las letras de Iván, sentimos nuestro, como si en vez de abrir la puerta a Arancha Moreno, el gallego nos hubiera concedido a cada uno de nosotros una tarde de largas confesiones, de divagaciones sobre las relaciones, las insatisfacciones, los momentos clave de la vida y los cabreos que pueden dar lugar a temas tan míticos como Años 80. Quién tuviera el privilegio.

Nostalgias aparte, 30 canciones para el tiempo y la distancia es más que un libro para quienes hayan seguido la carrera de Ferreiro desde sus comienzos, o un recorrido por la espina dorsal de su discografía; es también una crónica de los testimonios de artistas como Mikel Erentxun, Love of Lesbian, Amaral, Bunbury, Leiva o Coque Malla, que han coincidido con él y se han contagiado de esa manera tan peculiar que tiene de entender y crear las canciones. Temas en los que se reconoce siempre, aunque ya no sea la misma persona, porque más de veinte años de carrera dan para muchas metamorfosis.

La importancia de Promesas que no valen nada

No se fiaba Iván Ferreiro de los periodistas. O eso le dijo a Arancha Moreno en 2004, cuando se conocieron, en plena ruptura de Piratas. Tendrían que pasar muchos años para que esa conversación inicial derivase en este libro que arranca en 1994 con la importancia de Promesas que no valen nada, la primera bomba musical del grupo, y uno de los temas más amados por los fans, convertido casi en himno cuando el grupo se disolvió años después.

Iván tenía 23 años cuando la compuso y quedaba mucho por delante. El tema supuso un punto de inflexión en su modo de escribir porque ahí empieza a jugar con las palabras. “Me doy cuenta de que no diciendo nada puedo decir un montón de cosas”, confiesa en el libro, y desvela una de las claves de su música: “Si a la gente le gusta mis canciones, no me importa si entienden el sentido real de la canción. Creo que es mucho más bonito lo que ellos entienden, mucho más grande y más hermoso que lo que haya entendido yo al componer la canción”.

“Todas las canciones tienen un fondo de verdad, pero al final siempre tienen una parte de mentira”, explica Iván, para hablar de otro de los temas míticos de la banda, M, una canción de despedida que tiene más de invención que de realidad. Quien haya seguido de cerca la carrera del músico sabe que una de las señas de identidad de la música del gallego es que cuenta cosas que tienen que ver con él, pero las encripta para distanciarse, o quizás buscando que cada uno extraiga el mensaje que necesite en ese momento de su vida.

De aquella etapa temprana de la banda, cómo olvidar El equilibrio es imposible, que para Leiva es “la mejor canción para salir a la pizarra y destriparla”, y que deja constancia de cómo la banda va haciéndose más madura, más compleja también, porque empiezan a surgir desavenencias entre ellos al tiempo que sale el Ultrasónica y deciden llamarse Piratas a secas, sin el artículo. “Fue una época jodida de mi vida, muy difícil. Me sentía bastante solo”, reflexiona.

Con luces y sombras, el grupo se iba consolidando y se cruzaba con artistas que serían fundamentales en los años futuros, como Santi Balmes, de Love of lesbian, quien afirma que cuando escuchó a Iván en un concierto por primera vez supo que “hablábamos el mismo lenguaje. Iván habla con mis códigos líricos. Se muestra y se esconde, al igual que servidor”.

De rupturas y viajes en solitario

El tiempo avanza en el libro con fluidez a través del recorrido por canciones como Años 80 –advierto del spoiler para los lectores que no sepan que Iván renegó de ella durante mucho tiempo, hasta que tiempo después se la oyó cantar a Amaral en un concierto–, y por temas vitales como Inerte –al contrario que Años 80, es una canción que a él le encanta y que le acompaña “desde siempre”–, hasta llegar a la progresiva entrada de Amaro, su hermano pequeño, y los momentos más duros de la banda. El fin parece cercano y ‘Relax’, su disco más maduro y cuestionado, fue una muestra de ello. “Ahí encuentro cómo quiero hacer mis letras para el resto de mi vida”, explica, y defiende que ese disco es “el mejor de los que hizo con Piratas”.

Cuando se anuncia la ruptura de la banda, en 2004, Iván tiene muy claro que él seguirá adelante en solitario, quizás porque “es la época de mayor soledad que he tenido jamás”, o porque, como ha dicho siempre: “Si mañana dejara de hacerme caso la gente, yo seguiría componiendo canciones, aunque me fuera a trabajar a la cadena de montaje de Citröen”.

Esa fecha bastante oscura, que tampoco olvida ningún fan, supuso sin embargo el comienzo de lo que sería un grupo de culto con los años. El reposo y la distancia los hicieron más grandes, aunque ya no existieran como grupo. A veces, el tiempo sí pone a cada uno en su lugar.

Iván, que prefiere plantarle cara al miedo, cerró el capítulo y empezó en solitario con un título tan prometedor como ‘Canciones para el tiempo y la distancia’. El primero de varios trabajos memorables, de colaboraciones, encuentros y desencuentros. Y muchas anécdotas. Tantas, que dan para el resto del libro de Arancha Moreno y para una gran reflexión de Ferreiro a modo de fin (de la primera parte), porque ahora que confía en los periodistas -este libro es prueba de ello-, puede que leamos más de él: “Hay una luz hermosa en cada caída, un momento glorioso, un momento en que vuelas mientras te caes, y eso es increíble”.

 

Sobre el autor

Periodista especializada en libros. Me gustaría vivir en un cuento de Cortázar o vivir del cuento.

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