El absurdo de los libros censurados

El absurdo de los libros censurados

Decía Eduardo Galeano acerca de la censura que solo los tontos creen que el silencio es un vacío, pues no está vacío nunca. El autor uruguayo apuntaba de forma muy acertada que a veces la mejor manera de comunicarse es callar. El silencio en sí mismo a veces es un clamor más potente que cualquier palabra.

La literatura no ha escapado a lo largo de su historia de la caza de brujas que supone una idea incomoda o una historia incomprendida por un sector de la sociedad. A veces las razones que llevan a reprobar un libro rozan el absurdo o sobrepasan cualquier orden lógico que quiera imponerse.

Es el caso de la célebre obra de Aldous Huxley, Un mundo feliz, llegó a ser retirada de los institutos de Miller (Missouri) en los años 80 por presentar “el sexo promiscuo como algo divertido”.

Otro grupo de padres y madres intentó prohibir el libro en Corona-Norco (California) porque su autor se basó en “la negatividad para crear ese universo”. Quizás habría que dar un par de explicaciones a esta asociación de padres acerca de lo que una distopía representa.

Los libros infantiles tampoco han escapado a la censura más absurda jamás conocida. En el caso de Donde habitan los monstruos (Maurice Sendak), un psicólogo publicó en 1969 una carta abierta en un periódico en la que consideraba la obra dañina para los niños de 3 y 4 años. Al parecer promovía una educación poco adecuada y podía traumatizar a los jóvenes. Esta falacia caló hondo en el sur de Estados Unidos, donde el libro fue prohibido durante sus primeros años en las bibliotecas públicas.

En los últimos años, la obra también ha provocado críticas porque algunos críticos consideran que promueve la brujería y los elementos sobrenaturales. Sin palabras.

En el caso del famoso The Giving Tree generó debate debido a sus posibles interpretaciones. ¿Es el árbol desinteresado o abnegado? ¿Era el niño egoísta o razonable en sus demandas al árbol? Algunos psicólogos afirman que representa a un niño “codicioso e insaciable”.

Ni siquiera Alicia en el País de la Maravilla escapó a la censura. En 1931 fue prohibido por el gobernador de la provincia de Hunan (China) debido a que los animales no podían usar el lenguaje humano, pues al hacerlo elevaba al nivel humano al reino animal.

El maravilloso mago de Oz tiene su propio via crucis de censura. Tras su publicación diferentes educadores y ministros señalaron que se trataba de una mala influencia para los niños y que además representaba a la mujer en un rol de liderazgo y fortaleza.

Por su fuera poco, en 1957 el director de la Biblioteca Pública de Detroit prohibió el libro porque no tenía “ningún valor destacable para los niños” y los hacía creer que “la cobardía y la negatividad era buena”.

En la cruzada contra la novela también cabe destacar que siete familias fundamentalistas de Tennesee se opusieron a su lectura llegando incluso a demandar la novela en 1986 por representar brujas benévolas. En la demanda sostenían que “todas las brujas son malas” por lo que es teológicamente imposible que existan brujas buenas. ¿Y que existan brujas, eso no se lo plantearon de forma seria?

Para finalizar la retahíla de argumentos surrealistas contra el libro algunos expertos afirmaron que promueve los valores socialistas y marxistas debido a su aparente falta de presencia divina.

Volviendo a la reflexión inicial de Galeano y tras repasar esta esperpéntica lista de censuras a uno le queda la sensación de que la prohibición literaria dice más acerca de las ideas erróneas de quien censura que del objeto censurado.

Sobre el autor

25 horas dedicada a escribir. Periodista especializada en cultura.

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